El Parque Natural de la Sierra de Segura abarca más de 2.140 km, es probablemente el espacio natural más importante del territorio español por la gran diversidad animal y vegetal que alberga. Prueba de ello es el hecho de que en 1983 había sido declarado por la UNESCO Reserva de la Biosfera, y en 1988 se declara Zona de Especial Protección de Aves.

Encontramos en el Parque ríos caudalosos de aguas cristalinas, como el Segura y el Guadalquivir con sus nacimientos, pero además existen innumerables ríos de montaña, afluentes de los anteriores, como Borosa, Madera, Zumeta, Guadalimar y muchos otros.

La sierra de segura, como un brochazo verde en el el mapa del sureste ibérico, conserva una las mejores masas boscosas de la península y es un hervidero de vida vegetal y animal cuya importancia ecológica es reconocida a nivel internacional. su poderoso paisaje calizo auna la fuerza de las cresterías rocosas, los altiplanos y los encajados valles fluviales con la amabilidad de las lomas olivareras, los hortales y los pequeños pueblos y cortijadas, espacios en los que las gentes de esta comarca han creado durante siglos un modo de vida profundamente apegado a la tierra.

Y que decir sobre los bosques de pinares junto a especies como arces, quejigos, tejos, encinas, acebos, serbales, enebros, madroñeras… Más de 30 endemismos vegetales, especies presentes sólo en estas tierras. Endemismos animales como la lagartija de Valverde y además, mamíferos, anfibios, reptiles y aves representados y número y diversidad asombrosa.

El amante del senderismo, encontrará aquí sendas que le trasladarán a zonas de Norte de España, sin salir de la provincia de Jaén. Montañas por encima, de 2.000 metros de altitud, ríos, cascadas, embalses, aldeas y pueblos en los que el paso del tiempo no se ha dejado sentir, conjuntos históricos-artísticos y, sobre todo, una gente hospitalaria desea de compartir este paraíso con el visitante. Puedes hacer algunos de las rutas que aconsejamos visitando nuestra sección rutas.

En la esquina nordeste de Andalucía está la Sierra de Segura, situada en el ángulo nororiental de la provincia de Jaén, haciendo límite con las de Ciudad Real, Albacete y Granada. Forma un macizo montañoso prácticamente continuo, en dirección NE-SO, con las sierras de Alcaraz y Calar del Mundo (Albacete), Las Villas, Cazorla y El Pozo (Jaén) y Castril (Granada). Todas ellas son sierras calizas que forman parte de las Cordilleras Béticas. Dentro de este sistema montañoso, la Sierra de Segura se sitúa en la zona prebética, es decir, al norte de las zonas subbética y bética. La comarca tiene una extensión de 1.934'19 km2, la mayoría de los cuales están dentro del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. Más de las dos terceras partes de dicho Parque, concretamente un 69%, están en tierras segureñas.

La Sierra de Segura tiene una elevada altitud media en la que destacan cumbres que rozan los 2000 metros. El paisaje de sus amplias áreas montañosas es muy abrupto. Desde el punto de vista ecológico, esto aumenta la variedad de microclimas y la diversidad de especies de flora y fauna. El perfil de la comarca no es igual de accidentado en todas sus zonas, pudiendo distinguir de Oeste a Este: (usar como referencia el mapa que hay más arriba)

ZONA EXTERNA:De paisaje suave y predominio olivarero y cerealista, donde las pendientes no son muy fuertes. Se halla en la parte más occidental de los términos de Beas de Segura, Arroyo del Ojano y Puente de Gé nave, La Puerta de Segura, Torres de Albanchez, Génave y Villarrodrigo. Esta zona acoge también las estribaciones más orientales de Sierra Morena, en el entorno del embalse del Guadalmena.

ZONA INTRAMONTAÑOSA: Con pendientes similares a la anterior, es decir, suaves. Está formada principálmente por los valles del Guadalimar y sus afluentes Onsares y Trújala. Tienen gran capacidad agrícola y actualmente está ocupada por olivares.

DOS ZONAS MONTAÑOSAS SEPARADAS POR LOS VALLES ANTERIORES:

Son las más accidentadas de la comarca, con pendientes muy fuertes y suelos poco profundos. Tienen una gran riqueza ecológica pero muy poca capacidad agrícola, aunque en otros tiempos la necesidad hizo que se roturasen muchos montes para huertos y olivos, con la consiguiente erosión, degradación y pérdida de la escasa fertilidad del suelo. Estas dos zonas son las Unidades de Beas y de Segura:

Unidad de Beas:

Se prolonga en las Sierras de Las Villas y Cazorla. Su línea de cumbres corre por el límite suroccidental de la comarca, alcanzando los 1830m. en el pico del Blanquillo y llegando hasta Torres de Albanchez.

Unidad de Segura:

Paralela a la anterior por el Este, constituye la parte más amplia y montañosa de la comarca. Algunas de sus máximas alturas son las de Banderillas (1993 m.), el Almorchon (1915 m.), el Marsiasnal (1825 m.)...etc.

Profundamente encajado corre el río Segura. Destaca tambien en esta zona la gran altiplanicie suroccidental en el término de Santiago-Pontones, dominada por los campos de Hernan Perea, a 1600m. de altitud, donde dominan los pastos ganaderos de alta montaña y donde el clima es muy duro en invierno.

 

 

Existen varios factores que han posibilitado que la Sierra de Segura sea considerada un refugio botánico, por su situción al Sur de la Península acogió un gran número de plantas del Norte de África, cuando el Estrecho de Gibraltar aún no existía y Europa y África estaban unidas; al abrirse el Estrecho y quedar separados ambos continentes muchas especies han encontrado refugio en estas sierras, como el caso del geranio endémico Geranium cataractarum. Otro factor decisivo fueron las glaciaciones. Estas supusieron sucesivas oleadas de clima frío, que trajeron aparejadas especies adaptadas a él procedentes del Norte de Europa. Cuando las temperaturas subieron, algunas de esas especies permanecieron en nuestras montañas, porque en ellas se mantiene un clima más frío y húmedo que en las tierras circundantes, gracias a su altitud y orientación. Es el caso del acebo o el avellano, tan raros en Andalucía.

A vista de pájaro, la Sierra de Segura impresiona por lo extenso y tupido de la cubierta vegetal que forman sus bosques, nos sorprende aún más la ENORME VARIEDAD DE ESPECIES que la integran: se conocen cerca de 2200 en el conjunto del Parque Natural. Para hacernos una idea de la magnitud de la cifra, digamos que supera ampliamente al número de especies conocidas en las provincias Huelva, Sevilla, Cádiz y Córdoba, que sumadas tienen una superficie veinte veces mayor que la Parque. En España, sólo la Cordillera Pirenaica y Sierra Nevada tienen una diversidad vegetal similar a la nuestra. El 25% de las especies de la flora ibérico-balear están presentes en el Parque Natural porcentaje altí imo si se tiene en cuenta que solo ocupa el 0,36% de la superficie.

Pero además de abundante y variada, la flora del Parque es enormemente original, como lo muestra la gran cantidad de especies endémicas: 34 especies son exclusivas de la zona, 108 tienen distribución sólo en Andalucía y 214 son endemismos ibero-africanos. A nivel europeo, sólo Sierra Nevada posee más endemismos. Las especiales condiciones climáticas del Parque, que lo convierten en una isla de verdor en el sur europeo, posibilitan la existencia de 179 ESPECIES NORTEÑAS. Del total de las 115 familias existentes, es muy llamativa las de las Orquídeas, especialmente bellas y sofisticadas, con 52 especies, que constituyen más de la mitad de las presentes en la Península.

La importancia ecológica de la Sierra de Segura y comarcas vecinas se acentúa si tenemos cuenta que hay 24 ESPECIES DE PLANTAS EN PELIGRO REAL de que lleguen a extinguirse en el territorio del Parque. Si por desgracia así fuera, algunas de ellas desaparecerían para siempre de la Tierra, por ser end émicas de aquí .

Podemos dividir la vegetación de la comarca en dos grandes zonas: ALTA Y BAJA MONTAÑA.

ALTA MONTAÑA:

Comprende a partir de los 1300 m. de altitud (aunque según la orientación este límite puede bajar a los 1100 o subir a los 1400), hasta las cumbres; en éstas la vegetación es muy especializada, debido al poco suelo y al frío que tienen que soportar, por lo que encontramos piornales, lastonares, sabinares rastreros, pinares de salgareños y enebros rastreros. A menor altura, donde ya el suelo es profundo y fértil, se dan bosques caducifolios de arces, quejigos, melojos, y no caducifolios de acebos y tejos. En zonas con suelo más pobre, hay bosquetes de espinos majoletos y arlos. Según se pierda el suelo y aflore la roca aparecerán la ratania negra o hiniesta, el piorno azul, la ajedrea y el pino salgareño, y en afloramientos muy rocosos solo crecen algunos salgareños, la rascavieja y el lastón. En la alta montaña es donde más se ha repoblado con pinos salgareños, encontrándose actualmente los mejores y más grandes pinares de la Sierra.

Pino Salgareño o Laricio:

El pino laricio es el único árbol capaz de afrontar las limitaciones de la alta montaña, adaptándose a ellas mediante una baja densidad y un porte tortuoso y achaparrado que no suele superar los 10 metros de altura, si bien abundan los ejemplares muy longevos. Forman un bosque muy abierto bajo el que crecen, donde se acumula un poco de suelo fértil, los enebros rastreros, y donde este suelo se pierde, las sabinas rastreras, ambos con un porte pegado al suelo que les permite permanecer mucho tiempo bajo la nieve, que contstituye un excelente aislante térmico. Hay también en esta zona ajedreas, laureolas, sanguinas, arlos y garbancillos.

Impresionan por el porte recto de los grandes troncos de color ceniciento, el contraste del verde intensamente oscuro de las copas con el gris claro de las rocas calcáreas, y la especial luminosidad de las zonas altas en las que crecen. En España, el SALGAREÑO se da en los Pirineos y en el sur de la Cordillera Ibérica, sobretodo en Cuenca, pero las masas boscosas más amplias y mejor conservadas son las de la Sierra de Segura. Por eso es el protagonista del logotipo del Parque Natural. Es el único pino de la Sierra sobre cuyo carácter autóctono no hay ninguna duda.

 

Es un árbol que prefiere los suelos calcáreos y resiste muy bien la sequía, pero necesita algo más de agua que las dos especies de pinos que dominan en zonas más bajas, el negral y el carrasco. Sin embargo aguanta el frío mucho mejor que ellos. Aunque prefiere los suelos frescos y profundos, tiene gran facilidad para adherirse a las rocas, tan abundantes en las zonas altas, gracias a que sus raíces secundarias son largas y superficiales.

 

Sus hojas son flexibles y poco punzantes, y su pina es pequeña, de 4 a 6 cms. Con frecuencia sobrepasa los 500 O 600 años de edad. Es famoso el Galapán, en el término de Santiago-Pontones, por ser el más grande de la Sierra, y que al parecer data de mediados del siglo XVII. Hay en el Parque Natural SÁLGAMENOS milenarios (hay tres ejemplares que tienen entre 1020 años y 1041 años), pero que no destacan por su tamaño porque viven en condiciones más difíciles de suelo y clima. Su madera es relativamente fácil de trabajar, pero es dura y muy resistente a la putrefacción, por lo que fue en tiempos muy valorada para la industria naval.

 

 

 

 

BAJA MONTAÑA:

Situada en la franja altitudinal inferior, a esta zona corresponden los bosques lauroides de madroños, agracejos y durillos, acompañados de quejigos (robles). En suelos más pobres dominan los lentiscos, coscojas y romeros, y en afloramientos más rocosos las encinas (carrascas), cornicabras, retamas, sabinas, y finalmente el pino carrasco y el esparto. Cuando la degradación es muy fuerte afloran suelos de yesos, donde la vegetación es muy pobre y especializada, apareciendo la albaida. En estas zonas se ha repoblado con pinos carrascos y negrales y se han implantado los actuales olivares.

La Encina o Carrasca:

La Encina o Carrasca es el árbol rey de la Península Ibérica, gracias a su temperamento rústico, su potente sistema de raices, su enorme vitalidad y su resistencia al frío, al calor y sequía. Sus hojas viejas caen verano cuando tienen tres o cuatro años sin llegar a amarillear, por lo que la CARRASCA se mantiene verde todo el año, dando su amplia y tupida copa la sombra más densa de todos nuestros árboles. Puede alcanzar los mil años de edad.

Entre el ser humano y carrasca existe una antiquísima relación de amistad. El árbol mantiene la fertilidad de la tierra, ofrece al ganado sus bellotas, su sombra y da la mejor madera para leña y carbón.

Entre los encinares segúreños más representativos tenemos los que se extienden desde Santiago de la Espada hasta el mirador de la Novia sobre el río Zumeta, el de la Dehesa Carnicera, el de las Pegueras, los de Cañada Chica, la zona baja de la Umbría de los Anguijones y el Parralejo, y el encinar de la Fuente del Roble en el valle del Guadalquivir.

Las plantas endémicas:

La Sierra de Segura alberga una serie de plantas que son exclusivas de esta comarca, es decir, que no se dan en ningún otro lugar del mundo.

La extinción de alguna especie es siempre una tragedia en términos ecológicos, porque todas ellas son fruto de los largos procesos de adaptación que la vida elabora para cubrir con sus infinitas formas todos los rincones posibles. Son varios los factores que hacen que determinadas plantas sean endémicas de nuestra zona. Por ejemplo, algunas plantas están muy especializadas para explotar las condiciones de lugares como las altas cumbres, y teóricamente podrían colonizar otras similares, pero las fuertes barreras impuestas por la orografía les impiden hacerlo, actuando las cumbres como "islas botánicas". También influyen los cambios climáticos a gran escala: especies surgidas en períodos glaciales pueden quedar, al volver el clima templado, acantonadas en zonas frescas que mantienen condiciones similares a las originarias.

En el Parque Natural hay al menos 26 especies endémicas que figuran el Libro Rojo de Especies Amenazadas de España o en la lista del convenio de Berna sobre la Conservación de la vida silvestre en Europa.

Entre estos numerosos endemismos destacamos:

Jasione crispa segurensis:

Discreta plantita perenne de flores azuladas que sólo crece en ciertos arenales y pedregales de la Sierra de Segura.

 

Narcissus longispathus:

Es un narciso silvestre de buen tamaño que crece en zonas encharcadas y a la vera de los arroyos. Sus grandes flores amarillas le cuestan el ser cortado por personas que desconocen su escasez y valor ecológico.

 

 

LA RIQUEZA FAUNISTICA que alberga el parque natural de Cazorla, Segura y Las Villas es una de las más importantes de la cuenca Mediterránea. Esto se debe a que su medio ambiente no ha sido perturbado de forma tan agresiva. Esto se debe al aislamiento propiciado por la complicada orografía de estas tierras, que ha facilitado la pervivencia de muchas especies de fauna ya desaparecidas en otras zonas.

La Sierra de Segura alberga 6 especies de peces, de 10 a 12 especies de anfibios, 19 especies de reptiles, 165 especies de aves y 30 especies de mamíferos, lo que significa una enorme biodiversidad en comparación con otros espacios naturales de nuestro entorno. De entre todo este contigente faunístico destacan, por su escasez, especies como la trucha común, la lagartija de Valverde (endémica de estas sierras), el sapillo partero de las sierras b éticas, el topillo de Cabrera, la nutria y el gato montés. Es también remarcable la presencia de la cabra montes, la subespecie segureña de la ardilla común y 22 de las 24 rapaces diurnas ibéricas.

En cuanto a los invertebrados existe una larga lista con unas 400 especies de la familia de los macrolepidópteros y 85 de la familia de los ortópteros. Existen además unas 50 especies endémicas de la zona, que existen sólo en esta sierra.

La lagartija Valverde, endemismo de la zona:

 

(Algyroides marchi) Es el reptil más interesante de la Sierra de Segura sin lugar a dudas, por tratarse del único vertebrado endémico de la Sierra. Esta pequeña lagartija descubierta en el año 1958 por el profesor J.A. Valverde cerca del nacimiento del río Aguamula, al pie de la cordillera de las Banderillas, en plena Sierra de Segura, constituye una verdadera joya de nuestra fauna. En la actualidad se encuentra amenazada por tener un área de distribución muy reducida, viéndose negativamente afectada por factores como la destrucción de sus hábitats, el exceso de turismo en determinadas zonas y el coleccionismo.

 

 

La Cabra Montés:

(Algyroides marchi) Es la verdadera joya de la alta montaña. Suele vivir en grupos separados, hembras y jovenes por un lado, y machos adultos por otro. Entre Noviembre y Marzo, cuando los días son más cortos y el frío invernal arrecia en las cumbres, los grupos se unen con la llegada del celo, y es entonces cuando los machos entrechocan sus cuernas en las luchas rituales para ser los dueños del harén de hembras.

 

 

El Águila Real:

Los cortados rocosos de Alta Montaña albergan también en sus cornisas y oquedades los nidos de algunas de las rapaces más escasas de la Península Ibérica, como el Águila Real que es la de mayor tamaño de las que habitan en la Sierra. Es un ave sedentaria que posee en estas alturas sus territorios de caza, y que tiene su parada nupcial desde mediados de enero a mediados de marzo, coincidiendo con la época más fría. Sus principales presas son la liebre, algunos recentales y pequeñas crías de ungulados, carroñas y algunas especies de córvidos, que en este habitat forman abundantes colonias, como la chova piquirroja y la grajilla, que crían en los cortados junto a las repisas donde lo hace el Águila Real.

 

 

 

 

Bibliografía utilizada: La Sierra de Segura EL SUR VERDE, de Javier Broncano y Joaquín Gómez. Editorial EL OLIVO.

Para mucha más información, fotos y contenido dirigirse al magnífico libro anteriormente nombrado.