BENATAE
PRIVILEGIADO RINCÓN de la SIERRA de SEGURA


VECINOS y VECINAS de BENATAE, AMIGAS y AMIGOS, BUENAS NOCHES.
Mis primeras palabras como pregonera de vuestras fiestas quiero que sean para enviaros un saludo festivo, muy cariñoso, así como para expresar públicamente mi agradecimiento a vuestra alcaldesa, a mi amiga “Quisqua”, como cariñosamente le llamamos y como a ella le gusta que le llamemos. Cuando me invitó para ser pregonera me sentí muy honrada y, por tanto, para mí es un auténtico placer estar con todos vosotros y vosotras en esta plaza del pueblo haciendo el pregón de vuestras fiestas.
No es la primera vez que vengo a Benatae, aunque sí es cierto que os había visitado para realizar otras funciones.
Esta noche me propongo compartir con los naberos y naberas, con las personas de otros municipios..... [con la Diputada Provincial, Pilar Parra que tantos lazos afectivos tiene con este pueblo], me propongo compartir parte de vuestra historia, así como disfrutar de vuestros encantos paisajísticos, del magnífico entorno de la sierra, repasar vuestras costumbres de pueblo sabio del Parque natural de Cazorla, Segura y las Villas y recrear el olfato y el gusto
recordando los platos típicos de vuestra gastronomía.

La Sierra de Siqura, como la llamaron geógrafos árabes del siglo XI, situada en la parte nororiental de Jaén, comunica nuestra provincia y Andalucía con Levante y Granada. Por la comarca discurren las cordilleras béticas e importantes ríos y afluentes como Segura, Guadalimar, Guadalquivir, además de Madera, Aguasmulas, Zumeta, Tus ,Borosa...
Sierra de Segura ha sido considerado un territorio de gran valor estratégico para diferentes e importantes civilizaciones que se han asentado en Andalucía. Como testimonio de su antigüedad se encuentran cuevas de pinturas rupestres y zonas arqueológicas neolíticas y prehistóricas así como restos de fortificaciones y muestras cerámicas pertenecientes a culturas como la fenicia y la griega.
Los cartagineses descubrieron las posibilidades para expandir el comercio por lo que diseñaron una de las principales rutas de comunicación y comercialización, la conocida como Saltus Castolunensis o Vía de la Plata, por donde se transportaron minerales que procedentes de Cástulo y Sierra Morena, y bordeando el macizo que los romanos nombraron como Oróspeda, se encaminaban a través de la Sierra de Segura hacia su embarque en puertos levantinos del Mediterráneo. También los romanos trazaron caminos, cercanos a Benatae, como el que seguía el río Guadalimar, cruzando por Puente Mocho, que permitía la entrada a la Sierra a través de La Puerta de Segura.
Esta comarca fue ocupada tempranamente por los árabes, en el 713, dos años después de derrotar a los visigodos en la batalla del río Guadalete. Fernando III, la conquistó a los musulmanes y atendiendo a la petición del maestre don Rodrigo Íñiguez,la cedió a la Orden de Caballería de Santiago, interesada en controlar este amplio territorio, importante militarmente por su situación fronteriza con los reinos de Murcia y de Granada, así como por sus extraordinarios recursos naturales y sus interesantes posibilidades económicas.
Las poblaciones que gestionaron los caballeros santiaguistas en esta demarcación fueron Segura de la Sierra, que asumió la capitalidad del señorío, Orcera, La Puerta de Segura, Hornos de Segura, Siles, Benatae, Torres de Albanchez, Beas de Segura, Chiclana, Génave y Villarrodigo. Todas estas poblaciones contaron con castillos, unos de origen beréber, almorávide o almohade, otros remodelados, reforzados o construidos por los santiaguistas. Pero también, en la Baja Edad Media, se construyeron otras fortificaciones defensivas de menor empaque en lugares como Puente Honda.


La orografía ofrece fuertes contrastes y abundantes manantiales de agua. Entre sus zonas más atractivas se cuentan el pico Hontanares que alcanza los 1400 metros de altura.
Se asienta sobre un sustrato geológico variado que genera una orografía accidentada y con fuertes contrastes. La topografía se articula a partir del río Guadalimar, que atraviesa un amplio valle en dirección al suroeste, separando dos áreas rocosas y escarpadas: la occidental, coronada por el vértice Oruña; mientras que la oriental, está dominada por los vértices Peñalta y Vizcable. En el centro del término destaca el relieve suave de la Cabeza Pelada.


Benatae, ubicado en un altozano a 856 metros de altitud, en las laderas occidentales del monte Peñalta, emplazado entre Siles, Orcera y Torres de Albanchez, es una de las villas más antiguas de la comarca. Situada en la zona norte de la Sierra de Segura, con una extensión de 44'56 kilómetros cuadrados, de los cuales 41'47 están incluidos en el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas. Históricamente ha sido cruce y encuentro de culturas levantinas, manchegas y andaluzas.


Son numerosas las fuentes que proliferan en el término municipal: la del Atajadero, Puente Honda, Cañada del Toril, San Sebastián, del Roble, San Miguel, La Cabaña, Soto del Espino, Castellones, Tovar-Bajo... Estas surgencias de agua tienen un gran interés no sólo como recurso hídrico sino también ambiental y paisajístico. Las más importantes se encuentran en el sector montañoso occidental, en las laderas de Peñalta y Vizcable. Especialmente significativa es la fuente del arroyo de Peñalta que mana del acuífero Cretácico Superior y de la fuente Honda que suministra agua del acuífero Jurásico.


A su gran riqueza en agua, le corresponde una gran variedad de vegetación como el romero, arbusto abundante; la emblemática encina; el lentisco con sus frutos de color rojo; el espino albar, con densos racimos de flores blancas; el cojín de monja; el pinar de repoblación; o los alfilerillos...
Entre sus plantas despierta especial interés el llantén mayor, hierba medicinal de raíces en cabellera finas y blancas, con péndulo casi tan largo como la hoja. El fruto, una pequeña capsulita que contiene semillas en su interior es comido por los pájaros. El llantén es usado para atenuar las inflamaciones de la boca y de la garganta en enjuagues o gárgaras. Es efectivo también contra catarros bronquiales o resfriados. Resulta un excelente antihemorroidal. Cabe así mismo recordar que se han obtenido resultados muy satisfactorios en úlceras varicosas.


Desde la Edad de Piedra existió población en La Cueva del Águila, a mil metros de altura sobre el nivel del mar, en el Cortijo de los Lagartos.
En la Edad de Bronce se produjo una intensa ocupación en lugares como el Cerro del Pino, Hortizuela Alta, el Cortijo del Sacado o el Cortijo de Castellones provisto éste de fortificaciones para defenderse de incursiones de otras poblaciones.
En la etapa ibero-romana se produjo cerámica de color rojo, sigillata, en el Cerro del Castillo, en el Cortijo de las Fuentes. Este núcleo fue punto de partida para la creación en el siglo I de nuestra era de una serie de factorías agrarias que se extendieron a uno y otro lado del Guadalimar. Aquellas villas romanas eran casas familiares de labor para el cultivo de las tierras próximas al lecho del río, colocadas en posiciones más bajas a medida que iba siendo más importante el factor productivo y económico sobre el militar y estratégico.


El núcleo de la población actual fue fundado por los árabes. Abd-al-Azziz, hijo de Muza,conquistó Segura y asentó en esta tierra a un grupo magrebí, en su mayoría beréberes, que fueron mezclándose con la población hispana que se convirtió al Islam. El nombre de Benatae, en efecto, tiene procedencia beréber y alude a las numerosas fuentes que salpican el término de norte a sur.
Los árabes dotaron la comarca segureña de fortalezas, castillos, atalayas y cierres en los accesos al territorio. El poder lo controlaron familias celosas de su autonomía frente al Emirato de Córdoba que les imponía altos impuestos por lo que fortalecieron el territorio y organizaron rebeliones contra el centralismo cordobés. Durante años, Segura fue reino de taifas independiente y su rey más afamado fue Ibn Hamush.


En 1175 Alfonso VIII se apoderó del territorio pero lo abandonó dejándolo desprotegido de tropas por lo que muy pronto fue de nuevo controlado por los árabes. Entre 1226 y 1242 Fernando III, aprovechando la decadencia del reino de Murcia, puso en marcha una estrategia de conquista de la Sierra de Segura para introducir una cuña en el territorio enemigo y romper así el mutuo apoyo entre el poder árabe levantino y el poder árabe granadino.
En su término levantaron los musulmanes el castillo de Cardete para refugio de pastores y campesinos. Benatae y el castillo de Cardete fueron cedidos por Fernando III a la Orden de Santiago que se encontraba en un momento de gran pujanza económica y militar, aunque con la singularidad de que pasó a depender primero de la Encomienda Mayor de Castilla, lo que demuestra el interés estratégico y económico de la Corona por este tipo de posesiones. Posteriormente pasó a formar parte del patrimonio jurisdiccional de la Encomienda de Santiago de Segura de la Sierra. También dependió del Reino de Murcia, la Real Chancillería de Granada y el obispado de Cartagena. En 1415, Juan II, a propuesta del infante don Rodrigo de Aragón, a la sazón maestre de la Orden de Santiago, dio a Benatae el título de villa, siendo una de las primeras poblaciones de la Sierra que alcanzaron este título.


El hisn o refugio árabe de Cardete protegía a los lugareños de ataques o razzias externas. En época cristiana más bien que cumplir misiones de vigilancia para residencia de un gran propietario agrario que protegía su latifundio.
Fue construido con base trapezoidal entre los siglos XI y XII, a 800 metros de altitud. Estaba enclavado en la ruta este-oeste que comunicaba comercialmente Levante con la Baja Andalucía siguiendo el curso del Guadalimar. Sólo se conserva completo uno de sus lados y su principal elemento era la torre del homenaje, de catorce metros de altura, construida en tapial de calicanto con abundante cal, que presenta base rectangular y se alza sobre un zócalo macizo y peraltado, realizado en tapial con piedras de pequeño tamaño. A medida que crece en altura adquiere un forma troncopiramidal peculiar, aunque frecuente en la Sierra de Segura por influencia de la arquitectura castrense levantina. Otras características que ofrece la torre son las de estar ubicada en línea en el lado más corto del castillo y la de estar orientada no hacia el exterior, como exigen los cánones de la construcción castellológica, sino hacia el pequeño patio de armas.
En su interior se dividía en cuatro pisos, separados por suelos de madera, actualmente desaparecidos. En el primero de ellos se abría la única puerta del recinto, por la que se accedía al patio de armas. Tampoco se conserva la terraza con almenas que debía coronar el edificio. Su tipología, tal como nos ha llegado a nosotros, corresponde a periodos de dominación almorávide y sirvió de modelo a posteriores construcciones militares almohades.
En informes elaborados para Felipe II se recoge la existencia de otras dos torres ya desaparecidas en el término de Benatae: una de origen beréber, en la Fuente de la Torre, junto al manantial; y otra torrecilla construida en tapial utilizada posteriormente como palomar.


La villa de Benatae, situada en las laderas occidentales de la Sierra, domina el valle del Guadalimar, situándose en las cabeceras de los arroyos de la margen izquierda, de Cañazo, de La Fuente y de la Piedra.
La cartera más importante del término es la comarcal que partiendo en Puente de Génave de la nacional Bailén-Albacete se dirige hacia Alcaraz y Hellín, en Albacete, siguiendo el curso del río Guadalimar en el tramo de La Puerta de Segura y Siles.


El medio millar de habitantes del municipio actual viven casi todos en el núcleo poblacional de Benatae, si bien permanecen algunas familias en la aldea de Las Fuentes, conocida también como “Los Lagartos”, próxima al Guadalimar. Otras aldeas apenas pobladas hoy son Puente Honda y la Sierra.
La pequeña propiedad agrícola, por lo demás muy parcelada, y la pequeña explotación ganadera extensiva de cabras y ovejas, constituyen recursos económicos familiares, que se complementan con trabajos forestales. El empleo en los sectores de la construcción y la hostelería ejercidos tanto en Benatae como desplazándose a otros municipios del entorno forma parte también de las formas de vida de los naberos.


La historia de Benatae ha sido tan excepcional como la de la comarca de Segura de la Sierra. En la Edad Contemporánea formó parte de la Provincia Marítima para la explotación maderera.
El pasado marcado por el modelo político administrativo de la Encomienda santiaguista así como la vinculación del partido de Segura de la Sierra a Murcia tras las reformas borbónicas ha dejado importantes huellas. También la explotación maderera como bien público por parte del Ministerio de Marina. En el siglo XIX y parte del siglo XX la cuestión forestal se convirtió en uno de los motivos de disputas dentro del municipio, produciéndose resistencias respecto a los intereses privatizadores.
A mediados del siglo XIX experimentó un importante crecimiento demográfico que se detuvo a mediados del siglo XX debido a las penurias económicas que la comarca sufrió durante el franquismo y a la emigración que tuvo que afrontar.
La constitución de la democracia y la fundación de la Junta de Andalucía así como la declaración del Parque Natural han sido factores que han dado lugar a importantes mejoras sociales para Benatae y nuevas oportunidades educativas, culturales y vitales para los habitantes de Benatae y el resto de municipios serranos.


La estructura productiva, como ya queda dicho, ha venido marcada por la fuerte parcelación de las explotaciones y el protagonismo de la pequeña propiedad.
En la porción principal del término, desarrollada a ambos márgenes del río Guadalimar, sobre rojizos terrenos arcillosos, abundan los olivares. Pequeñas manchas de terrenos de labor se alternan con ellos, y algunas huertas se ubican junto al curso del río y de los arroyos afluentes.
Los pinares de repoblación cubren la parte de la Sierra de Beas situada al noroeste, muy cerca de la margen derecha del Guadalimar. Las tradicionales tareas aceituneras y las forestales siguen teniendo una relevancia especial en la producción material y de vida de los naberos.


La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es la más importante de las edificaciones de Benatae. El templo no se ajusta a los modelos constructivos habituales en la arquitectura religiosa de la provincia sino que responde más bien a los paradigmas de la arquitectura religiosa levantina. Esto pudo deberse a que durante el período de configuración de su fábrica el pueblo pertenecía al reino de Murcia. Su propia situación de apertura geográfica hacia las corrientes provenientes de Levante justifica no sólo su propensión a recibir influencias lingüísticas y culturales sino también a divulgarlas por otras zonas de la provincia como la ejercida por esta iglesia sobre la ermita de Nuestra Señora de la Soledad de Bailén.
La construcción se inició en el siglo XV y se concluyó en el XVIII. Abarca, pues, elementos estilísticos góticos, renacentistas y barrocos.


Su portada, colocada en el lado de la Epístola, es de sillería aunque su formato está planteado en una línea de gran severidad y contención. Consta de un arco de medio punto con moldura convexa recorriendo el intradós; un delgado fuste con capitel gótico, a modo de baquetón, labrado de forma un tanto primitiva, enfatiza la apertura y queda enmarcada por un alfiz que descansa en molduras góticas; la puerta de madera conserva los herrajes originarios.
La altura correspondiente a las naves no supera en mucho las del resto de las casas que la circundan y, como la mayoría de ellas, se cubre con tejas de ladrillo a dos aguas.
La torre es de sillería irregular y está plantada sobre un terreno desnivelado, contrarresta las fuerzas de los pies de la iglesia y presenta una característica forma ya que es cuadrangular y tres veces más larga que ancha; abre hueco verticalizado para campana en el lado oeste que se cierra con un arco escarzano y sobre él se dispone moldura con un cuerpo de obra muy posterior que acoge un reloj. También en el lado sur presenta hueco para campana.


La planta se organiza en torno a una nave central en forma de rectángulo dividida, a su vez, en tres tramos que separan arcos formeros apuntados que descansan sobre pilares. A ambos lados de la nave central hay otras laterales de menor recorrido que se comunican con aquella y con el presbiterio a través de arcos de medio punto que apoyan sobre columnas. Entre las iconografías medievales que se conservan en los capiteles llaman la atención por su expresividad un castillo almenado y un macho cabrío
La techumbre del templo conserva restos de vigas primitivas y tiene armadura de par e hilera sobre los arcos diafragmas. Este es uno de los elementos que denotan la influencia levantina.
A los pies de la iglesia se sitúan una hornacina y, en alto, sobre viga, el coro, obra del siglo XVI, elevado sobre estructura de madera con columna que refuerza la descarga por el centro al que corona un ábaco con zapata también de madera que presenta capitel labrado con motivos de hojas de acanto; los extremos se sostienen con medias zapatas.
El presbiterio aparece tras un arco toral apuntado, tiene testero plano y tras él, se sitúa la sacristía. Le cubre una bóveda de lados curvos trapezoidales enmarcada en un rectángulo. Comunica lateralmente mediante arcos de medio punto.
El retablo de madera, de época más reciente, es polícromo aunque de limitado valor artístico. Se organiza en tres calles y la central, más ancha, acoge la imagen de la Inmaculada en una hornacina; mientras que en las laterales hay santos, en el ático relieves de Dios Hijo y Dios Padre y, sobre ellos, el Espíritu Santo con jarrones adornando a los lados.


Aunque las casas de su núcleo urbano están apiñadas en torno a los edificios más emblemáticos como la iglesia parroquial y el ayuntamiento, su perímetro es irregular y su expansión ha definido ejes rectilíneos. Predomina la vivienda unifamiliar, de doble altura, con huecos grandes y verticalizados, con cubierta a dos aguas por teja árabe y sin diferencias notables entre sí.
Las calles no responden al diseño de un plan previo de ordenación urbana sino que se han desarrollado como corresponde a un pueblo de núcleo urbano medieval, de forma orgánica, siendo las casas las que definen el urbanismo y no al revés, predominando la función agrícola de las viviendas condicionadas también por el rigor climático del invierno.


Es natural que un pueblo como Benatae que ha conocido desde la Antigüedad el paso de civilizaciones y culturas, haya conservado costumbres culinarias de iberos y de romanos, de árabes y de cristianos.
El aceite de sus olivares de calidad tan contrastada como reconocida; la excelente carne de la oveja segureña; las hortalizas, legumbres, frutales, vidarras, collejas o vinagreta son los recursos naturales al alcance de las cocineras y cocineros del lugar. El buen hacer y mejor gusto de los naberos y naberas en la cocina asegura la calidad de la gastronomía local. Los nombres de platos, saboreados en otros tantos pueblos vecinos del entorno, tal vez no figuren entre los recomendados por médicos y clínicas especializados en regímenes de adelgazamiento: ajoatao, andrajos, galianos, ajo pringue, gachamiga, migas, cordero, carne de caza... a los que se unen postres que también exigen una digestión tranquila: flores de Semana Santa, perrunillas, roscos de aguardiente, tortas de nueces, de manteca, de aceite, suspiros, hornazos, roscos fritos o panetes en caldo dulce. Para acompañarlos nada mejor que el aguardiente, mistela, miel o dulce de ciruelas o membrillo.
Un plato especial o para serranos o para gente con estómago y reciedumbre de serrano: el “caldo valiente” preparado con pimientos secos de los que pican, cerecillas los llamáis vosotros. al que soléis añadir patatas cocidas y machacadas, cebolla, majado de ajos y sal, con su buen chorreón de aceite de oliva, mejor si es picual de tan buena calidad como es el de toda la Sierra de Segura. Y aún para acompañar al caldo valiente con platos no menos recios y serranos podemos elegir otras viandas propias de la tradición pastoril como las migas de harina de maíz, los galianos o las gachas migas aderezadas con productos de la matanza: chorizo, lomo de orza o torreznos.
Otro plato especial para degustar en Benatae es el de los andrajos, que tan bien sabe preparar las naberas a base de tiras muy finas de masa de harina cocidas en un guiso de patatas, tomate, pimiento, cebolla, ajos, pimentón dulce, acompañados de liebre que, en época de cuaresma, se sustituye por el bacalao pero siempre con un toque aromático de hierbabuena.
Entre los postres reseñados hay que hacer una mención especial a los panetes que se hacen imprescindibles durante la Semana Santa para acompañar platos obligados en estas fechas como el potaje de vigilia con bacalao. Se preparan con de miga de pan desmoronada, perejil muy picado, azafrán en hebra, ajo, pimienta, sal y huevo batido... con los que se confecciona una masa de la que saldrán los panetes dorados en aceite caliente que luego podrán tomarse en caldo de canela y azúcar.
Saborear estos productos es un placer para el gusto, para los sentidos y para la calidad de vida de la que los serranos y naberos son unos privilegiados.


El segundo domingo de agosto, los naberos celebran los festejos del “Perdigón”, recordando que el desplazamiento de un grupo numeroso de jóvenes naberos a Orcera, el primer domingo de agosto de 1981, para comprar las vaquillas que habrían de ser corridas el día de San Gunés de la Jara, se acompañaba de la no muy ortodoxa caza de perdices y perdigones en época de veda mientras recorrían caminos cantando y bebiendo, derrochando alegría y estrechando lazos de buena vecindad y comunidad. Aquel acontecimiento que despertó el recelo de la Guardia Civil vigilante ante la posibilidad de que aquellos impetuosos jóvenes dieran cuenta en la cazuela de algún pollo de perdiz se ha convertido finalmente en una fiesta entrañable, gozosa y participativa
Aunque de origen reciente es una de las actividades festivas más asentadas ya en las tradiciones de la Sierra de Segura. Son muchos los naberos que siguen desplazándose a lugares como las dehesas de la comarca del Condado, donde por cierto también abundan los perdigones, para recoger las reses compradas. En el camino, las canciones, las bromas, la camaradería, el buen humor, dará un especial atractivo a estas singular marcha por pueblos y espacios rurales.

Pero estas no son las únicas fiestas de Benatae. Los ciclos agrícolas se celebran en San Antón, la Candelaria o San Blas con luminarias hechas a base de hogueras de romero para conmemorar así los ciclos agrícolas.
El día del patrón San Marcos, los agricultores practican un rito social al beber cuerva preparada en el hogar mezclando el vino con agua, azúcar y frutas.


Si el 25 de abril, la plaza de la Glorieta, uno los lugares más típicos y de mayor encanto de Benatae, se convierte en referente de las fiestas de San Marcos, donde los naberos toman los tradicionales hornazos, pasan el día junto a Fuentemarcos y la Fuente San Miguel y se reúnen para salir al campo a “espantar al diablo”; en agosto, por San Ginés, se hacen correr reses por las empinadas calles, tras el estandarte de la Hermandad organizadora, recordando tradiciones que se remontan a la Edad Media.
Es ahora cuando la plaza de toros se convierte en el referente social, comunitario y festivo del encuentro ciudadano. Con las gradas abarrotadas, los espontáneos más valientes se lanzan al ruedo a hacer carantoñas a las vaquillas; a veces, también a recibirlas, pero las más de las veces no pasan de un pequeño susto y algún que otro revolcón. La carne de alguna de las vaquillas será saboreada con regocijo por los vecinos en rica caldereta.
Lo tradicional y lo festivo, lo antiguo y lo moderno, lo local y lo comarcal, se funden en un espectáculo digno de ser contemplado y vivido, que da identidad al municipio, a sus gentes, y al territorio segureño.

Del 22 al 25 de agosto, Benatae tiene una de las citas más importantes del año: las fiestas patronales dedicadas a San Ginés de la Jara. Son días de encuentro con familias y amigos que vienen de fuera, de compartir alegrías y ocio con los vecinos, de recordar tradiciones e historias antiguas, de encomendarse al patrono San Ginés, de recuperarse con el descanso festivo del trabajo y de las preocupaciones cotidianas.
La ya desaparecida ermita de San Ginés asumía en tiempos pasados gran protagonismo, el 25 de agosto, al celebrarse la fiesta mayor en honor de San Ginés de la Jara, el santo protector de los herniados.

Celebrar una fiesta grande es una magnífica ocasión para el encuentro, para la convivencia, para aplazar aquellas ocupaciones más importantes del día a día y dedicarse al diálogo placentero en calles y plazas, a la diversión merecida de los más jóvenes y de los que ya tenemos una edad, a dedicarnos a los familiares y amigos, a compartir unas “copitas” si después no tenemos que conducir.
Celebrar una fiesta es una ocasión para seguir siendo felices. Deseo que disfrutéis de vuestra fiestas de agosto que tengáis precaución con las vaquillas y que tengamos mucha salu para compartir éstas y las venideras.
Os pido que gritéis conmigo: “¡VIVA las FIESTAS de SAN GINÉS de la JARA! ¡VIVA BENATAE!”.
MUCHAS GRACIAS y un ABRAZO muy FUERTE.